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Con el amanecer se inicia la actividad en los 12 kilómetros que conducen desde La Puntilla hasta La Aurora. La carretera permanece vacía en la madrugada y lentamente empieza a llenarse de autos y buses. En las ciudadelas situadas en la zona, los moradores se preparan para dirigirse a sus trabajos.
Pero mucho antes de que la ciudad arranque, Ángel Amaguaya ya está de pie en su minimarket, preparando toda su batería para la nueva jornada. A sus 50 años, este hombre humilde y trabajador, se ha acostumbrado a levantarse muy temprano. Por eso, a las 06:00 abre su negocio para recibir a los vecinos de la parroquia La Aurora, del cantón Daule.
A esa misma hora empiezan también las llamadas telefónicas. Son los habitantes de las urbanizaciones, quienes le hacen pedidos a domicilio. Saben que en máximo 20 minutos, dependiendo de la distancia, el encargo estará en el sitio donde lo solicitaron. Ángel, a quien todos conocen como Don Amaguaya, tiene año y medio repartiendo a domicilio toda clase de cosas a las familias de las ciudadelas de este sector norte de Guayaquil.
“Llevo lo que me pidan: una cola, pan, cebolla, detergente, el periódico e inclusive, hasta el gas”, asegura el comerciante, quien se conoce la zona “al derecho y al revés” pues hace 30 años comenzó ahí repartiendo periódicos. En esos tiempos lejanos, el desarrollo y crecimiento que caracteriza al sector, todavía eran un sueño. Ángel fue ampliando su número de clientes. Por eso, cuando decidió instalar un negocio propio tras un problema familiar, ya era conocido por la gente.
“Primero puse unas cabinas telefónicas pero surgió mucha competencia, la zona se llenó de cabinas. Decidí entonces cambiar a mi negocio actual”. Al local, de nombre Minimarket Amaguaya, situado sobre la avenida principal de La Aurora, llegaban sus clientes de siempre. Pero con la construcción de nuevas urbanizaciones privadas, el movimiento en el área se incrementó y el público empezó a pedir a domicilio.
“En muchas ciudadelas no permiten poner negocios. Entonces los moradores tienen que salir a comprar si necesitan un pan, una cebolla, una leche. Para ellos es más fácil llamarnos, así no gastan en gasolina y ahorran tiempo. También evitan salir por cuestiones de seguridad”, afirma Ángel, quien cobra un dólar por ir al domicilio, costo que la gente acepta debido a la agilidad del servicio.
Cuatro jóvenes mensajeros se encargan de distribuir los pedidos, entre las 06:00 y las 22:00. Cada uno es dueño de su propia moto y son contratados por Amaguaya. Su área de trabajo es desde La Puntilla hasta la última ciudadela de La Aurora. No van a Guayaquil ni a Pascuales. Alejandro Rizo, de 25 años, recorre a diario en su Suzuki negra, las diferentes ciudadelas de la vía a Samborondón y también las que están en la vía a Salitre. Lleva 4 años con Ángel y dos trabajando en el minimarket. Según él, “en las ciudadelas ya los guardias nos conocen y nos permiten la entrada”.
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